IGR: 0159. Versión: 139. Rima: á. Hemistiquios 110.
Sisterna (parr. Santa María de Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas del Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
Julianita, Julianita hija del conde Galán,
quién te me diera tres noches todas tres al mióu mandar.
Tres noches a un caballero no se las puedo negar,
sólo que después los hombres luego se van a alabar.
¡Cuchillos hieran mis pechos si yo me fuera a alabar!
Otro día por la mañana don Carlos se fue a alabar:
Dormí con la mejor dama que habita en este lugar;
en la tabla de sus pechos, dos hombres pueden jugar.
Unos dicen «¿Quién sería?», otros dicen «¿Quién será?,
si sería la Galanzuca, hija del conde Galán.»
Su padre, desque lo supo, ya la mandara llamar
y mandó que la quemaran entre fuego de alquetrán.
Pajes míos, pajes míos los que coméis de mi pan,
si me fuerais a avisar a Carlos de Montealbán.
Buenos días, señor don Carlos, qué tal y cómo le va?
¿Como queda, paje mío, qué me cuentas por allá?
Yo le traigo una noticia que le causará pesar:
a su amiga Julianita mañana la van quemar.
Si la queman, que la quemen, que la dejen de quemar,
mujeres n` el mundo hay muchas, no quedo yo por casar.
El paje, desque esto oyó, ya se pusiera a llorar.
¿Por qué lloras, paje mío?, no tienes por qué llorar:
si te mordieron mis perros, yo los mandaré matar;
si te pegan mis criados, yo los mando castigar.
No me mordieron sus perros, no los mande usted matar;
ni me pegan sus criados, no los mande castigar.
Yo lloro por Julianita, que era mi prima carnal.
Tenía sus ropas de seda, púsolas de cardenal
tenía el caballo ensillado, lo mandó desensillar
y mandó ensillar la mula como la de un cardenal.
Cuando llegara hasta allí la niña iban quemar.
Esta niña es muy joven, es muy joven pa quemar,
esta niña es muy joven, va muy mal sin confesar.
Ya la confesaron siete, con usted ocho serán;
ya la confesaron siete, verdad no quiso contar.
Dime, dime, Julianita, dime, dime la verdad,
dime, dime qué te dieron para dejarte engañar.
Dieronme una cinta de seda que conmigo va a quemar,
dieronme un anillo de oro que conmigo va a quemar.
Y con eso, Julianita, un besito me has de dar.
No lo quiera el rey del cielo ni la Virgen del Pilar,
donde Carlos puso el labio que lo pose un cardenal.
La cogiera y la besara y la puso en su robán:
Quedad con Dios los señores, justicias d` este lugar,
servides vos más pa burro que esta niña pa quemar.
Bien lo viera la su madre altas torres donde está:
Si la llevas por criada, sus ropitas le he de dar,
si la llevas por esposa, vuelve que la voy dotar.
Padres que quemades hijas ¿cómo las podéis dotar?
Al cabo de siete leguas la niña rompió a llorar.
¿Por qué lloras, vida mía?, no tienes por qué llorar.
Mas quería ser quemada en el fuego de alquetrán
que no verme yo aquí sola en poder de un cardenal.
No llores más, vida mía, que con don Carlos estás.
Se abrazaron los dos junto no se pudieron soltar.