IGR: 0159. Versión: 25. Rima: á. Hemistiquios 110.
Llamazares (ay. Valdelugueros, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. Los Argüellos, León, España)
La gente como es tan mala empezaba a murmurar:
Si sería Galanzuca, si será, si no será.
Cuando su padre lo supo, sus hijas mandó llamar.
Vengan acá, las mis hijas, casadas y por casar,
¿cuála fue la que ha dormido con Carlos de Montealbar?
Se miran unas a otras y se vuelven a mirar;
Galanzuca, la culpable, luego se ha echado a llorar.
La encerró en un cuarto escuro, nada de comer le da.
Y saliendo para fuera sus criados fue a llamar:
Vengan aquí, mis criados, los que coméis del mi pan,
los que bebéis del mi vino, los que en mi casa es estar,
irme a buscar leña pa Galanzuca quemar.
Y en uno que ella confiaba luego le mandó llamar,
y le ha entregado una carta pa Carlos de Montealbar.
Cuando el criado llegaba, don Carlos iba a almorzar.
No se detenga, señor, no se detenga a almorzar,
que la niña que usted quiere hoy se la van a quemar.
Que la quemen, que la dejen, ¿qué cuidado se me da?,
si mujeres por el mundo para mí no han de faltar.
Si me lo dices de veras, nos iremos para allá;
si me lo dices de broma, entraremos a almorzar.
Si no lo quieres creer, la carta te lo dirá.
Metió la mano en el bolso y a don Carlos se la da.
Don Carlos, que la leyó, pronto tiró la cuchar,
y bajando pa la cuadra donde su caballo está:
Come, mi caballo, come, que hoy te tengo reventar,
que en hora y media que falta quince leguas has de andar.
En aquel momento el caballo empezó a hablar:
Apriéteme usted la cincha y déame usted más cebá,
que en hora y media que falta quince leguas he de andar.
Se metió en un cuarto oscuro y se vistió de seglar.
Por aquella cuesta arriba corre más que un gavilán,
por la otra para bajo más que el fuego de alquitrán.
Cuando don Carlos llegaba ya la iban a quemar.
Deténganse, los señores, deténganse para atrás,
esa niña que ustés llevan la llevan por confesar.
Confesada ya está, padre, ella dirá la verdad;
confiésela usted mejor, que a usted se lo dirá.
Cogiéndola por el brazo fue y la puso en el altar.
¿Qué has hecho tú, Galanzuca, para llevarte a quemar?
¿dormiste con algún cura o con otro de mi igual?
No dormí con ningún cura ni con otro de su igual,
sólo he dormido dos noches con Carlos de Montealbar.
En las manos se parece, y en la cara mucho más,
en las manos se parece a Carlos de Montealbar.
Cogiéndola por el brazo se la puso en el rubial.
Señores, los de la hoguera, echen un perrito a asar,
echen uno de los tuyos, que a ella falta no le hará.
Si la llevas por esposa, vuelve por el dote atrás.
No necesitaba dote para llevarla a quemar.
Al cabo de siete años volvió Galanzuca allá,
con dos niñas de la mano más hermosas que un rosal.
El padre, que vio las niñas, una le quiere quitar.
No se la daré yo, padre, no se la tengo de dar,
que a la madre de estas niñas usted la quiso quemar.