IGR: 0151. Versión: 6. Rima: á(-e. Hemistiquios 612.
España
Asentado está Gaiferos en el palacio real,
asentado al tablero para las tablas jugar.
Los dados tiene en la mano, que los quiero arrojar
cuando entró por la sala don Carlos el emperante.
Desque así jugar lo vido empezóle de mirar;
hablándol` está hablando palabras de gran pesar:
¡Si así fuésedes, Gaiferos, para las armas tomar
como sois para los dados y para las tablas jugar!:
vuestra esposa tienen moros, iríadesla a buscar.
Pésame a mí por ello por que es mi hija carnal.
De muchos fue demandada, y a nadie quiso tomar;
pues con vos casó por amores, amores la hayan de sacar;
si con otro fuera casada no estuviera en catividad.
Gaiferos desque esto vido, movido de gran pesar
Levantóse del tablero no queriendo más jugar;
y tomáralo en las manos para haberlo de arrojar,
si no por él que con él juega que era hombre de linaje:
jugaba con él Guarinos, almirante de la mar.
Voces da por el palacio, que al cielo quieren llegar:
preguntando va, preguntando por su tío don Roldán.
Halláralo en el patín, que quería cabalgar;
con él era Oliveros y Durandarte el galán;
con él muchos caballeros de aquellos de los doce pares.
Gaiferos desque lo vido empezóle de hablar:
Por Dios vos ruego, mi tío, por Dios vos quiero rogar:
vuestras armas y caballo vos me las queráis prestar,
que mi tío el emperante tan mal me quiso tratar,
diciendo que soy para juego y no para las armas tomar.
Bien lo sabéis vos, mi tío, bien sabéis vos la verdad,
que busqué a mi esposa; culpa no me deben dar.
Tres años anduve triste por los montes y los valles,
comiendo la carne cruda, bebiendo la roja sangre,
trayendo los pies descalzos, las uñas corriendo sangre.
Nunca yo hallarla pude en cuanto pude buscar.
Agora sé que está en Sansueña, en Sansueñia, esa ciudad.
Sabéis que estoy sin caballo. sin armas otro que tal,
que las tiene Montesinos, que es ido a festejar
allá a los reinos de Hungría para torneos armar.
Pues sin armas y caballo mal la podré yo sacar;
por esto vos ruego, tío, las vuestras me queráis dar.
Don Roldán de que esto oyó tal respuesta lo fue a dar:
Calledes, sobrino Gaiferos, no querades hablar tal;
siete años ha que vuestra esposa ella está en captividad;
siempre os he visto armas y caballo otro que tal,
agora que no las tenéis la queréis ir a buscar.
Sacramento tengo hecho allá en Sant Juan de Letrán
a ninguno prestar mis armas, no me las hagan cobardes;
mi caballo está bien vezado mal vezo no te quieran dar.
Gaiferos que esto oyó la espada fue a sacar;
con una voz muy sañosa empezara de hablar:
¡Bien parece, don Roldán, que siempre me quesistes mal!
Si otro me lo dijera mostrárale si soy cobarde,
mas quien a mí ha injuriado no lo vais por mí a vengar;
si vos tío no me fuésedes con vos querría pelear.
Los grandes que allí se hallan entre los dos puesto se han;
hablado le ha don Roldán, empezóle de hablar:
¡Bien parece, don Gaiferos, que sois de muy poca edad!
Bien oistes un ejemplo, que conocéis ser verdad:
que aquel que bien os quiere aquel vos quiere castigar.
Si fuérades mal caballero, no vos dijera esto tal;
mas porque sé que sois bueno por esto vos quise castigar.
Que mis armas y caballo a vos no se han de llegar,
y si queréis compañía, yo vos quiero acompañar.
Mercedes, dijo Gaiferos, de la buena voluntad;
solo me quiero ir, solo, para haberla de sacar;
nunca me dirá ninguno que me vido ser cobarde.
Luego mandó don Roldán sus armas aparejar;
él encubierta el caballo por mejor lo encubertar;
él mesmo lo pone las armas y le ayudaba a armar.
Luego cabalgó Gaiferos con enojo y con pesar.
Pésale a don Roldán, también a los doce pares,
y más al emperador desque solo le vido andar;
y desque ya se salía del gran palacio real,
con una voz amorosa llamáralo don Roldán:
Esperad un poco, sobrino; pues solo queréis andar,
dejédesme vuestra espada, la mía queráis tomar
y aunque vengan dos mil moros nunca les volváis la haz:
al caballo dalde rienda y haga a su voluntad,
que si él vee la suya, bien vos sabrá ayudar,
y si vee demasía de ella vos sabrá sacar.
Ya le daba su espada. y toma la de don Roldán;
da de espuelas al caballo, sálese de la ciudad.
Don Beltrán que ir lo vido empezóle de hablar:
Tornad acá, hijo Gaiferos, pues que me tenéis por padre,
tan solamente vos vea la condesa vuestra madre,
tomará con vos consuelo, que tan tristes llantos hace;
dar vos hia caballeros los que hayáis necesidad.
Consolalda vos, mi tío, vos la queráis consolar.
Acuérdese que me perdió chiquito y de poca edad;
haga cuenta que de entonces no me ha visto jamás. ,
Que ya sabéis que en los doce corren malas voluntades;
no dirán que vuelvo por ruego, mas que vuelvo por cobarde;
que yo no volveré en Francia sin Melisenda tornar.
Don Beltrán desque lo oyera tan enojado hablar,
vuelve riendas al caballo y entróse en la ciudad.
Gaiferos en tierra de moros empieza de caminar;
jornada de quince días en ocho la fue a andar.
Por las sierras de Sansueña Gaiferos mal airado va;
las voces que iba dando al cielo quieren llegar.
Maldiciendo iba el vino, maldiciendo iba el pan,
el pan que comían los moros, mas no de la cristiandad;
maldiciendo iba la dueña que tan solo un hijo pare;
si enemigos se lo matan no tiene quien lo vengar;
maldiciendo iba al caballero que cabalgaba sin paje;
si se le cae el espuela no tiene quién se la calce;
maldiciendo iba el árbol que solo en el campo nasce,
que todas las aves del mundo en él van a quebrantar,
que de rama ni de hoja al triste no dejan gozar.
Dando estas voces y otras a Sansueña fue a llegar.
Viernes era en aquel día, los moros hacen solenidad;
el rey Almanzor va a la mezquita para la zalá rezar,
con todos sus caballeros cuantos él pudo llevar.
Cuando allegó Gaiferos a Sansueña esa ciudad,
miraba si vería alguno a quien pudiese demandar.
Vido un cativo cristiano que andaba por los adarbes;
desque lo vido Gaiferos empezóle de hablar:
Dios te salve, el cristiano, y te torne en libertad.
Nuevas que pedirte quiero, no me las quieras negar.
Tú que andas con los moros, si les oíste hablar
si hay aquí alguna cristiana, que sea de alto linaje.
El cativo que lo oyera empezara de llorar:
¡Tantos tengo de mis duelos, que de otros non puedo curar!
que todo el día los caballos del rey me hacen pensar
y de noche en honda sima me hacen aprisionar.
Bien sé que hay muchas cativas cristianas de gran linaje,
especialmente una que es de Francia natural;
el rey Almanzor la trata como a su hija carnal.
Sé que muchos reyes moros con ella quieren casar.
Por eso idvos, caballero, por esa calle adelante;
verlas heis a las ventanas del gran palacio real.
Derecho se va a la plaza, a la plaza la más grande.
Allí estaban los palacios donde el rey solía estar.
Alzó los ojos en alto por los palacios mirar,
vido estar a Melisenda en una ventana grande
con otras damas cristianas, que estaban en captividad.
Melisenda que lo vido empezara de llorar,
no por que lo conociese en el gesto ni en el traje,
mas en verlo con armas blancas recordóse de los doce pares,
recordóse de los palacios del emperador su padre,
de justas, galas, torneos, que por ella solían armar.
Con una voz triste, llorosa le empezara de llamar:
Por Dios os ruego, caballero, a mí vos queráis llegar;
si sois cristiano o moro no me lo queráis negar.
Darvos he unas encomiendas, bien pagadas vos serán.
Caballero si a Francia ides por Gaiferos preguntad,
decilde que la su esposa se lo envía a encomendar,
que ya me parece tiempo que la debía sacar.
Si no me deja por miedo de con los moros pelear,
debe tener otros amores , de mí no lo dejan recordar:
¡los ausentes por los presentes ligeros son de olvidar!
Aun le diréis, caballero, por darle mayor señal,
que sus justas y torneos bien las supimos acá.
Y si estas encomiendas no recibe con solaz,
darlas heis a Oliveros, darlas heis a don Roldán,
darlas heis a mi señor el emperador mi padre.
Diréis como estó en Sansueña, en Sansueña esa ciudad;
que si presto no me sacan mora me quieren tornar:
casarme han con el rey moro que está allende la mar.
De siete reyes de moros reina me hacen coronar;
según los reyes que me traen mora me harán tornar;
mas amores de Gaiferos no los puedo yo olvidar.
Gaiferos que esto oyera tal respuesta le fue a dar:
No lloréis vos, mi señora, no queráis así llorar,
porque esas encomiendas vos mesma las podéis dar,
que a mí allá dentro en Francia Gaiferos me suelen nombrar.
Yo soy el infante Gaiferos señor de París la grande,
primo hermano de Oliveros, sobrino de don Roldán.
Amores de Melisenda son los que acá me traen.
Melisenda que esto vido conosciólo en el hablar,
tiróse de la ventana, la escalera fue a tomar,
salióse para la plaza donde lo vido estar.
Gaiferos que venir la vido presto la fue a tomar;
abrázala con sus brazos para haberla de besar.
Allí estaba un perro moro para los cristianos guardar;
las voces daba tan altas que al cielo querían llegar.
Al gran alarido del moro la ciudad mandan cerrar.
Siete veces la rodea Gaiferos, no halla por donde andar,
Presto sale el rey Almanzor de la mezquita y el rezar.
Veréis tocar las trompetas apriesa y no de vagar,
veréis armar caballeros y en caballos cabalgar;
tantos se arman de los moro que gran cosa es de mirar.
Melisenda que lo vido en una priesa tan grande
con una voz delicada le empezara de hablar:
Esforzado don Gaiferos, no querades desmayar,
que los buenos caballeros son para necesidad.
Si de esta escapáis, Gaiferos, harto ternéis que contar!
¡Ya quisiese Dios del cielo y Santa María su Madre
fuese tal vuestro caballo como él de don Roldán!
Muchas veces le oí decir en palacio del emperante,
que si se hallaba cercado de moros en algún lugar,
al caballo aprieta la cincha, y aflojábale el petral;
hincábale la espuelas sin ninguna piedad;
el caballo es esforzado, de otra parte va a saltar.
Gaiferos de que esto oyó presto se fuera a apear;
al caballo aprieta la cincha y aflójale el petral;
sin poner pie en el estribo encima fue a cabalgar,
y Melisenda a las ancas, que presto las fue tomar.
El cuerpo le da por la cintura por que le pueda abrazar,
al caballo hinca las espuelas sin ninguna piedad.
Corriendo venían los moros apriesa y no de vagar;
las grande voces que daban al caballo hacen saltar.
Cuando fueron cerca los moros la rienda le fue a largar:
el caballo era ligero, púsolo de la otra parte.
El rey Almanzor que esto vido mandó abrir la ciudad;
siete batallas de moros todos de zaga le van.
Volviéndose iba Gaiferos mirando a todas partes;
desque vido que los moros le empezaban de cercar,
volvióse a Melisenda, empezóle de hablar:
No os enojéis vos, mi señora, fuerza vos será apear,
y en esta grande espesura podéis, señora aguardar,
que los moros son tan cerca, de fuerza nos han de alcanzar.
Vos, señora, no traéis armas para haber de pelear;
yo, pues que las traigo buenas, quiérolas ejercitar.
Apeóse Melisenda no cesando de rezar;
las rodillas puso en tierra, las manos fue a levantar,
los ojos puestos al cielo no cesando de rezar.
Sin que Gaiferos volviese el caballo fue a aguijar.
Cuando huía de los moros parece que no puede andar
y cuando iba hacia ellos iba con furor tan grande
que del rigor que llevaba la tierra hacía temblar.
Donde vido la morisma entre ellos fuera a entrar:
si bien pelea Gaiferos, el caballo mucho más.
Tantos mata de los moros que no hay cuento ni par;
de la sangre que de ellos salía el campo cubierto se ha.
El rey Almanzor que esto vido empezara de hablar:
¡Oh válasme tú, Alá! ¿esto qué podía estar?
¡que tal fuerza de caballero en pocos se puede hallar!
Debe ser el encantado ese paladín Roldán,
o si es el esforzado Renaldos de Montalván,
o es Urgel de la Marcha esforzado singular.
No hay ninguno de los doce que bastase hacer tal.
Gaiferos que esto oyó tal respuesta le fue a dar
Calles, calles, el rey moro, calles, y no digas tal;
muchos otros hay en Francia, que tanto como estos valen.
Yo no soy ninguno de ellos mas yo me quiero nombrar:
yo soy el infante Gaiferos, señor de París la grande,
primo hermano de Oliveros, sobrino de don Roldán.
El rey Almanzor que lo oyera con tal esfuerzo hablar,
con los más moros que pudo se entrara en la ciudad.
Solo quedaba, Gaiferos, no halló con quien pelear;
volvió riendas al caballo para Melisenda buscar.
Melisenda desque lo vido a recebírselo sale;
vidole las armas blancas, tintas en color de sangre.
Con una voz triste y llorosa le empezó de preguntar:
Por Dios os ruego, Gaiferos, por Dios vos quiero rogar,
si traéis alguna herida queráismela vos mostrar,
que los moros eran tantos quizá vos han hecho mal.
Con las mangas de mi camisa vos las quiero yo apretar,
con la toca, que es más grande, yo os las entiendo sanar.
Calledes–, dijo Gaiferos infanta, no digades tal;
por más que fueran los moros no me podían hacer mal,
que estas armas y caballo son de mi tío don Roldán.
Caballero que las trae no podía peligrar.
Cabalgad presto, señora, que no es tiempo de aquí estar;
antes que los moros tornen los puertos hemos de pasar.
Ya cabalga Melisenda en un caballo alazán.
Razonando van de amores, de amores, que no de al;
ni de los moros han miedo ni de ellos nada se dan;
con el placer de ambos juntos no cesan de caminar.
De noche por los caminos, de día por los jarales,
comiendo de las yerbas verdes y agua si pueden hallar,
hasta que entraron en Francia y en tierra de cristiandad.
Si hasta allí alegres fueron, mucho más de allí adelante.
A la entrada de un monte y a la salida de un valle,
caballero de armas blancas de lejos vieron asomar.
Gaiferos desque lo vido la sangre vuelto se le ha,
diciendo su señora: ¡Esto es más de recelar,
que aquel caballero que asoma gran esfuerzo es el que trae!
Si era cristiano o moro, forzado me será pelear,
apeaos vos, mi señora, y venidme a la par.
De la mano la traía no cesando de llorar,
y desque se vieron juntos comiénzanse aparejar.
Las lanzas y los escudos en son de bien pelear.
Los caballos ya de cerca, comienzan de relinchar;
conoció su caballo Gaiferos y empezara de hablar:
Perded cuidado, señora, y tornad a cabalgar,
que el caballo que allí viene mío es en la verdad;
yo le di mucha cebada y más le entiendo de dar;
las armas según que veo mías son otro que tal,
y aquel es Montesinos que me viene a buscar,
que cuando yo me partí no estaba en la ciudad.
Plugo mucho a Melisenda aquello si fuese verdad.
Ya que se van acercando cuasi juntos a la par,
con voz alta y crecida empiézanse de interrogar.
Conóscense los dos primos entonces en el hablar;
apeáronse a gran priesa, muy grandes fiestas se hacen.
Desque hubieron hablado tornaron a cabalgar;
razonando van de amores, de otro no quieren hablar.
Andando por sus jornadas a tierra de cristiandad,
cuantos caballeros hallan todos los van acompañar,
y dueñas a Melisenda, doncellas otro que tal.
Al cabo de pocos días a París van a llegar.
A siete leguas de la ciudad el emperador a recebirlos sale;
con él sale Oliveros, con él sale don Roldán,
con él el infante Guarinos, almirante de la mar;
con él sale don Belmudez y el buen viejo don Beltrán;
con él muchos de los doce que a su mesa comen pan;
y con él iba doña Alda, la esposica de Roldán;
con él iba Juliana la hija del rey Julian;
dueñas damas y doncellas las más altas de linaje.
El emperador abraza a su hija, no cesando de llorar;
palabras que le decía dolor eran de escuchar.
Los doce a don Gaiferos gran acatamiento le hacen:
tiénenlo por esforzado mucho más de allí adelante
pues que sacó a su esposa de muy gran catividad.
Las fiestas que le hacían no tienen cuento ni par.
Variantes: -17asino por quien. Silva, Cod. del sr. Durán, Flor. ; -22a iba. Silva; -23b con él muchos de los doces / que a su mesa comen pan. // Flor; -26b la. Canc. de rom. s. a. y 1550; vos lo. Cod. del sr. Durán; -28a dice que soy para poco. Flor; -30b si no busqué a mi esposa / culpa no me pueden dar. // Flor; -48b no lo querría mal vezar. Cod. de Durán. mal no le quieran vezar. Flor; -61b así hablar. {I|Cod. de Durán; -69b y le ayuda a cabalgar. Silva, Flor; -70a cabalga. Silva; -93b Melisenda. dicen siempre la Silva y la Flor y esta lección, por ser más conforme a la original francesa (Belissent), es de preferir a Melisendra, como la dan todas las ediciones del Canc. de rom. y los editores de las colecciones modernas; -96a G. a. Silva, Flor; -105a cae la. Silva, Flor., Cod. de Durán; -110b los moros sus fiestas hacen. Cod. de Durán; Gran fiesta los moros hacen. Flor; -111a el rey iba a la mezquita. Cod. de Durán y las ediciones posteriores del Canc. de rom. Almanzor a la mezquita / va para hacer la zalá// Flor; -114b poder. Cod. de Durán, las ed. posteriores del Canc. de rom.y la Flor; -123b peinar. Flor; -131a Derecho se va Gaiferos / do los palacios están. // Desque estuvo cerca de ellos / comenzólas de mirar, // vio gallarda a Melisenda / en una ventana estar // con otras demás cristianas /etc. Flor; -137b en el jesto, ni en el hablar; //mas en verlo con armas blancas / en los doce fue a pensar. Flor; -142b queráisos a mí llegar. Cod. de Durán. A mí no os queráis negar. Flor; -143b decidme ahora la verdad. Flor; -145b Véase la nota del romance que dice: Caballero, si a Francia ides por mi señor preguntad [Prim. 155; IGR# 0151]; -160a reyes me acuitan. Cod. de Durán. Según los ruegos me hacen. Flor; -172a cuando la vido. Cod. de Durán. {MY Gaiferos que la vido. Flor; -174b las cristianas. Flor; -177b Siete veces la rodean / no haya por do escapar. // Cod. de Durán; Siete veces la rodean no hallando por donde andar. Flor; -178b mezquita rezar. Cod. de Durán. mezquita a rezar. Las ed. post. del Canc. de rom; -190b que mil veces de entre moros / lo sacó sin peligrar Flor; -206b no cesaba de mirar. Cod. de Durán y las ed. post. del Canc. de rom; . por ver qué cosa será Flor; -224b está. Silva; -228a Este debe ser encantado. Canc. de rom. s. a. y 1550; -229a este debe de ser. Canc. de rom. s. a. y 1550; o debe ser. Cod. de Durán; -230a este es Ogel. Canc. de rom s. a. y 1550; -230b el esforzado singular. Canc. de rom. s. a. y 1550. esforzado y singular. Cod. de Durán. esforzado en pelear. Flor; -249a y con la mi rica toca. Cod. de Durán. con la toca que es mayor. Flor; -267b que sea cristiano o moro / fuerza será de pelear. // Cod. de Durán; -272b Lléganse los caballeros / comienzan aprarejar. // Cod. de Durán. Desque el uno es cerca al otro; comiénzanse a aparejar. Flor; -282b que aquello. Cod. de Durán, Flor; -293a de París. Silva; -293b el emperador les sale. Cod. de Durán. Las ed. post. de Canc. de rom. El emperador que lo supo / a recibírselos sale. // Flor; -299a Julianesa. Cod. de Durán, Flor.