La Condesita v231

IGR: 0110. Versión: 231. Rima: á. Hemistiquios 75.

Corporario (ay. Aldeadávila de la Ribera, ant. Corporario, p.j. Vitigudino, Salamanca, España)

Quintando vienen quintando    por Francia y por Portugal,
quintan al conde Lombardo    por capitán general.
Los ojos de la condesa    no cesaban de llorar
y llorando le pregunta    que ¿por cuántos días va:
los días no me preguntes,    los años preguntarás;
por siete años va el conde,    por siete que no por más;
si a los ocho no he venido,    condesa puedes casar.
Los siete ya van de vuelo,    los ocho de vuelo van,
cuando un día por la tarde    la iba su padre a llamar:
¿Qué me queréis, padre mío,    que me enviáis a llamar?
Yo te quiero, la mi hija,    que si te quieres casar?
No lo querrá el rey del cielo    ni la Santa Trinidad,
me ha dado en el pensamiento    que es vivo el conde don Blas.
Écheme la bendición,    que lo quiero ir a buscar.
La mi bendición te valga,    la de la Virgen sagrá.
Quita sus ricos vestidos    y pone el tosco sayal;
coge el bastón en la mano,    comienza a pelegrinar.
Al entrar en Barcelona    se pusiera a merendar,
vio venir unos caballos    conocióle la señal:
¿De quién son estos caballos    que sacan a pasear?
Estos caballos, señora,    son del conde de don Blas.
Dígame usted gran, señor,    este palacio ¿aónde está?
Venga, señora, conmigo,    que yo la llevaré allá.
Siete vueltas dio al palacio    y no halló por dónde entrar;
cuando al cabo de las ocho    ya viera al conde don Blas:
Limosna pido, buen conde,    si usted me la quiere dar.
Perdone usted, la señora,    que no tengo qué le dar.
Algún día vos, el conde,    limosna solías dar.
Echó mano a su bolsillo    un doblón de a ocho le da
y ella pa darle la vuelta    sacara un rico brial.
Ese brial era mío,    que me costó una ciudad.
Este brial, no señor,    [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
que me lo dio mi marido    cuando me fui a desposar.
Adiós gentes del palacio,    adiós los que dentro están,
por ti lo siento, la niña,    que es la que queda burlá;
si mi mujer fuera mala,    no me viniera a buscar.
Maldita sea la romera,    el diablo la trajo acá;
si no la hubiera traido,    casao estaba yo ya.

Bibliografía:
Recogida por Federico de Onís, 1910. (Archivo: AMP; Colec.: Onís, F. de (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en RTLH 4 (1970), pp. 167-168, nº V.176.