IGR: 0110. Versión: 119. Rima: á. Hemistiquios 95.
León s. l. (León, España)
Allá arriba en Novaldía, en una noble ciudad,
llevaron al conde Florez de capitán general.
La triste de la su esposa no cesaba de llorar.
Si a los siete años no vuelvo, a ocho casarás.
Ya se pasan los siete años, ya la tratan de casar.
¡Mujer que tenga marido no la traten de casar!
Cómpreme un vestido, madre, que le quiero ir a buscar;
no me lo compre de seda ni de oro que cuesta más,
me lo compre de eso gordo, de eso que llaman brial.
Écheme la bendición, que le quiero ir a buscar.
La bendición de Dios, hija, que es buena y te valdrá más.
Muchas leguas llevo andadas sin ningún pueblo encontrar,
y después de muchas leguas a una cabaña fui dar:
¿De quén son estas mulas marcadas con mi señal?
Del conde Florez, señora, mañana se va a casar;
ya están los toros por vino, ya están amasando el pan,
la carne ya está matada, la gente brindada ya.
Dígame usted mi, señor, y me dejarán entrar.
Sí señora, por qué no, pues ¿quién se lo ha de quitar?
Muchas vueltas dio al palacio [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
y después de muchas vueltas con el conde vino a dar:
Dame una limosna, conde, que Dios te lo pagará,
que vengo de Novaldía y no tengo que gastar.
Echa mano a su bolsillo y un real en plata la da.
Ésta no es limosna conde, ésta no es limosna tal;
en casa de los tus padres una de a cuatro les dan.
Si te daban mucho allí, para qué vienes acá?
Si vienes de Novaldía, ¿qué se cuenta por allá?,
¿si la condesa se casa o la tratan de casar?
Ni la condesa se casa, ni la tratan de casar,
que tengo por entendido que le ha venido a buscar.
¡Oh si mis ojos la vieran, por ver del traje que está!
Se quitó la mantillina, se quedó en verde brial.
Vele aquí el don que me diste el día de Navidad.
Al oír estas palabras el conde cayó pa atrás.
La dama, como ya sabe las mañas de su galán,
sacó el anillo del dedo y se le metió en el pulgar,
y después que volvió en si un abrazo la fue a dar.
Criados, los mis criados, los que coméis de mi pan,
coger las mulas y el coche llevármela a pasear
por la puerta de la otra, que ella os preguntará:
¿De quién es esa señora que traéis a pasear?
Del conde Florez, señora, que le ha venido a buscar.
Eso bien me lo decían, que estaba casado ya;
¡qué preñadita me siento, qué preñadita me siento ya!
Si te sientes preñadita, con ello te has de quedar;
Tres perros tengo de presa, todos te los tengo echar.
Ni por perros ni por ti, poco cuidado me da.