IGR: 0049. Versión: 39. Rima: á. Hemistiquios 50.
San Martín de Agostedo (ay. Santa Colomba de Somoza, p.j. Astorga, comc. Maragatería, León, España)
Estando don Gonzalito a las orillas del mar,
dando agua a su caballo, Gonzalito echó un cantar.
Oyólo la reina madre del otro lado del mar.
¡Válgame Dios, qué bien canta la serenita en el mar!
No es la sirena, madre, que es mi novio natural.
Si es tu novio natural, yo lo mandaré matar.
Si lo mandáis matar, madre, a mí mandadme a enterrar.
Ella murió a medianoche, él a los gallos cantar.
Ella, como hija de reyes, la entierran junto a el altar,
y él, como hijo de condes, un poquito más atrás.
De ella se hizo una fuentica, de él un rico manantial;
cuando la reina iba a misa, allí le moja el sayal.
La reina, con grandes celos, luego la mandó enturar.
De ella se hizo una olivica y de él un rico olivar;
cuando la reina iba a misa, allí le prende el sayal.
La reina, con grandes celos, luego lo mandó cortar.
De ella se hizo una paloma, de él un rico gavilán;
cuando la reina comía, allí le iban a picar.
La reina, con grandes celos, luego los mandó matar.
De ella se hizo una ermitica, de él un rico pie de altar;
todos los cojos y ciegos allí se iban a curar.
Pasó tiempo y volvió tiempo, la reina llegó a cegar;
pasó tiempo y volvió tiempo y allí se fue a curar.
Marche de ahí, mala madre, aquí no debe de entrar.
¡Oh, madres que tengáis hijas, no las quitéis de casar,
que yo se lo quité a una y a los infiernos voy dar!