Gerineldo+La Condesita v9

IGR: 0023+0110. Versión: 9. Rima: í-o+á. Hemistiquios 102.

La Urz [ant. Laurz] (ay. Riello, p.j. León, ant. Murias de Paredes, comc. Omaña, León, España)

[Mes de mayo, mes de mayo,]    mes de las fuertes calores,
cuando los enamorados    gozaban de sus amores.
Unos se regalan lirios    y otros se regalan flores,
y el pobrecito de mí    metido en estas prisiones,
sin saber cuándo es de día    y menos cuándo es de noche,
si no es por la cotolisa    que canta por estos montes.
Mañanita de San Juan    cuando Gerineldo va
a dar a agua a sus caballos    a las orillas del mar.
Mientras los caballos beben    Gerineldo va a cantar,
y la dama que lo escucha    luego lo sale a llamar.
Gerineldo, Gerineldo,    paje del rey bien querido,
si fueras rico en hacienda    como eres galán pulido,
dichosa fuera la dama    que se casara contigo.
Como soy criado vuestro,    señora, burláis conmigo.
No me burlo, Gerineldo    que de veras te lo digo.
Que de burla, que de veras,    ¿a qué hora soy prometido?
A las diez se acuesta el rey    a las once está dormido,
a las doce es la ocasión,    cuando canta el gallo pío.
Todavía no eran las nueve,    Gerineldo está en camino,
con el zapato en la mano,    del rey no fuera sentido.
Siete vueltas dio al palacio    y otras siete dio al castillo,
y no halló por donde entrar,    Gerineldo dio un suspiro.
Y la oyó la infantina    desde su mismo retiro.
¿Quién es ese demoro    que en mi puerta dio un suspiro?
Soy Gerineldo, señora,    que vengo a lo prometido.
Y le agarró por la mano    y para arriba lo ha subido.
¿Quieres comer u beber?    Gerineldo no ha querido.
Y se acuestan en la cama    como mujer y marido.
Y eso de la medianoche    el rey un sueño ha tenido:
que le duermen con la infanta    o le roban el castillo.
Y se levanta el gran rey    en sueño dispavorido,
y los encontró a los dos    como mujer y marido.
Yo si mato a Gerineldo,    lo crié desde muy niño;
y si mato a la infantina,    mi reino queda perdido.
Tendré que ver y callar    y en mi corazón sufrirlo.
Dejo la espada en el medio,    que les sirva de testigo.
Levántate, Gerineldo,    que ya somos conocidos,
la espada del rey mi padre    con nosotros ha dormido.
¿Por dónde voy yo ahora    que no sea conocido?
Vete por esos jardines    cogiendo rosas y lirios.
Y el rey, como lo sabía,    el encuentro le ha salido.
¿Dónde vienes, Gerineldo,    tan blanco y descolorido?
La fragancia de una flor    la color me ha comido.
Mientes, mientes, Gerineldo,    que con la infanta has dormido.
Y se puso de rodillas    y perdón le ha pedido.
El castigo que mereces.    Señor, yo se lo recibo.
El castigo que mereces,    ya lo tienes prometido,
que te has de casar con ella    u le has de buscar marido.
Yo con ella, sí señor,    no quedrá ella conmigo,
que con todo mi caudal    no tiene ella pa un vestido.
Se lo compre de paño pardo,    porque así ella lo ha querido.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
(Sigue el romance de La Condesita, 0110.)    

Otros datos:
Notas: Véase la entrada nº___para la continuación del romance doble.

Bibliografía:
Recitada por María Martínez (65a). Recogida por Aurelio González y Ana Valenciano, 1985. (Archivo: ASOR; Colec.: Encuesta LEÓN 85; cinta: 7.15-7.3/A-01). Publicada en TOL I 1991, pp. 205-207.
[0078 El prisionero and 0049 Conde Niño, contam.]