IGR: 1150. Versión: 1. Rima: í-a. Hemistiquios 94.
España
Ricas bodas, ricas danças, grande sarao se hazía,
en esa ciudad de Burgos, que verlo fue maravilla.
Ruy Velázquez es de Lara, el que casado se había
con la hermosa doña Lambra, señora de gran estima.
El viejo Gonçalo Gustos, hombre de gran valentía,
cuñado de Ruy Velázquez, a las bodas acudía
con su mujer doña Sancha, con sus hijos en compañía:
los siete infantes de Lara tenían por nombradía.
Siete semanas las bodas duraron, y el postrer día
Velázquez armó un tablado por ver quién le assolaría.
Muchos se pruevan en él, pero nadie lo derriba,
si no fuera Álvar Sánchez, cavallero de valía,
pariente de doña Lambra, que cuatro tablas hendía.
Doña Lambra muy gozosa a su cuñado dezía:
Doña Sancha, ¿havéis mirado cuál lleva la mejoría?:
el mi primo Álvar Sánchez de cuantos en corte havía.
Gonçalo, el menor infante, luego en saberlo, subía
encima de su cavallo y al tablado se venía
con un lacayo tras él, que en la mano halcón trahía,
tomando un boordo en la mano, y de tal fuerça le embía,
que la metad del tablado al suelo junto venía.
Doña Lambra, que lo vido, estraño pesar sentía.
Los infantes cavalgaron por si menester sería
favorecer a su hermano, si algún caso succedía.
Álvar Sánchez, conmovido de sobervia y muy gran ira,
al infante a denostado. El infante arremetía
y diole a puño cerrado, en el rostro le hería;
quebrantóle las quixadas, en tierra muerto cahía.
Doña Lamba, que lo vido, lástima es ver lo que hazía:
el rostro se está aañando, de esta suerte proseguía:
¿Cuál dama se ha visto en bodas deshonrada cual me vía?
Ruy Velázquez, que lo oyera, al campo presto salía;
con un astil en la mano al infante sacudía;
diole encima la cabeça, del golpe sangre vertía.
El infante cortesmente a su tío resistía,
diziendo: –Sed mesurado, usad ya de cortesía.
Ruy Velázque con enojo con otro golpe acudía;
diole en el ombro al infante, el astil quebrado havía.
El infante muy de presto tomó el açor que traía
en la mano su criado, con él al tío envestía;
por las narizes y boca su rostro en sangre teñía.
Roy Velázque, de afrentado, sus armas presto pedía.
Luego fueron de su bando muchos hidalgos de estima;
en favor de los infantes notable cavallería:
Garcí Fernández, el conde, para apaziguar la riña,
y el viejo Gonçalo Gustos, estos dos en compañía,
se despusieron en medio; fue la paz hecha, complida.