{"id":132,"date":"2024-01-27T12:01:02","date_gmt":"2024-01-27T11:01:02","guid":{"rendered":"https:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/?post_type=chapter&#038;p=132"},"modified":"2024-02-11T11:52:12","modified_gmt":"2024-02-11T10:52:12","slug":"definiciones","status":"publish","type":"chapter","link":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/chapter\/definiciones\/","title":{"rendered":"Definiciones"},"content":{"raw":"En Espa\u00f1a la tradici\u00f3n \u00e9pica medieval fue recogida fundamentalmente gracias a la transmisi\u00f3n oral por medio de <em>cantares<\/em> y <em>romances<\/em>. Las cr\u00f3nicas medievales emplearon ambos t\u00e9rminos para describir la actividad noticiera de los juglares, verdaderos peri\u00f3dicos de la \u00e9poca. En las <em>Partidas<\/em> de Alfonso X se recomienda que en la corte \u201clos juglares no dijesen otros cantares que los de gesta o que hablasen de hechos de armas\u201d.\r\n\r\nEn un principio, romances eran creaciones narrativas no compuestas en lat\u00edn sino en lengua vulgar o romance interpretadas por juglares. Pero parece que tambi\u00e9n la palabra \u201cromanz\u201d alud\u00eda a un poema narrativo de asunto heroico, de ah\u00ed la equ\u00edvoca utilizaci\u00f3n de <em>romance<\/em> y <em>cantar<\/em> para denominar la misma creaci\u00f3n po\u00e9tica. Al Poema del M\u00edo Cid se le llama <em>cantar<\/em> en el propio texto pero en a\u00f1adido posterior se dice:\u201d El romanz es le\u00eddo\/ dat nos el vino\u201d\r\n\r\nAtendiendo al plano de composici\u00f3n, <em>romance<\/em> es un poema no estr\u00f3fico de m\u00e9trica octosil\u00e1bica y rima asonantada en los pares. El rasgo com\u00fan m\u00e1s significativa del romance es su car\u00e1cter \u00e9pico-l\u00edrico. El <em>romance<\/em> nace en la pen\u00ednsula ib\u00e9rica \u2013seg\u00fan Men\u00e9ndez Pidal- a partir de los cantares de gesta y los relatos de epopeya castellana con la que est\u00e1 fuertemente emparentado en sus inicios.\r\n\r\nLas recopilaciones de romances se llaman <em>Romanceros<\/em>. La denominaci\u00f3n <em>Romancero<\/em> dista mucho de ser un cuerpo homog\u00e9neo. Uno de los problemas fundamentales para su definici\u00f3n es la gran variedad de sus materiales.\r\n\r\nEl romancero es un g\u00e9nero que forma parte del gran canon de la literatura occidental, y es la rama m\u00e1s vigorosa, por su amplitud espacial, temporal y ling\u00fc\u00edstica, de un g\u00e9nero transnacional, la balada narrativa popular europea.\r\n\r\nLa posici\u00f3n de Jes\u00fas Antonio Cid se resume en la siguiente frase: \"solo gracias a que hab\u00eda romances orales pudieron existir los pliegos que imprim\u00edan romances viejos y, antes o despu\u00e9s, los cancioneros de romances\" (ver <a href=\"https:\/\/romancero.es\/articulos\/02VIEJOS_SON_PERO_NON_CANSAN_JesusAntonioCid.pdf\">art\u00edculo<\/a>),\r\n\r\nEn las ediciones de romances recogidos de la tradici\u00f3n oral se transcrib\u00edan los romances en versos de 16 s\u00edlabas \u2013 repartidos en dos hemistiquios de ocho- resaltando as\u00ed la conexi\u00f3n del romancero con la \u00e9pica, aunque a veces criterios est\u00e9ticos o tipogr\u00e1ficos pesaron m\u00e1s al elegir el modo de transcripci\u00f3n.\r\n\r\nLos impresores de pliegos sueltos, igual que los primeros recopiladores de romances del s. XVI, imprimieron sin embargo sus cancioneros de romances en versos cortos. Lo cierto es que a partir de esa \u00e9poca los romances se compondr\u00e1n sobre la base m\u00e9trica del octos\u00edlabo, aunque en el romancero de tradici\u00f3n oral -tal como se\u00f1alaba Men\u00e9ndez Pidal \u2013 jam\u00e1s el sentido se mantiene de manera completa despu\u00e9s del octos\u00edlabo primero, lo que para \u00e9l constitu\u00eda una prueba clara de la persistencia del verso largo en el mismo.\r\n\r\nJoseph Bedier, Benedetto Croce o Leo Spitzer entre otros se opondr\u00edan a las tesis pidalinas o neotradicionalista por varias razones:\r\n<ul>\r\n \t<li>La discutible dependencia del romancero en relaci\u00f3n con el cantar de gesta<\/li>\r\n \t<li>Las diferencias estil\u00edsticas entre ambos<\/li>\r\n \t<li>Las coincidencias formales -como por ejemplo en lo referente a la m\u00e9trica- del romancero con algunas composiciones l\u00edricas<\/li>\r\n \t<li>La imposibilidad de que, de acuerdo con estos autores, el p\u00fablico llegara a la creaci\u00f3n de una forma t\u00e9cnica tan sutil por selecci\u00f3n an\u00f3nima de trozos de epopeya<\/li>\r\n<\/ul>\r\nDesde el punto de vista estil\u00edstico, el romancero manifiesta una gran sencillez y sobriedad de recursos: descripciones parcas y realistas, casi total ausencia de elementos fant\u00e1sticos o maravillosos y escasez de adjetivos y met\u00e1foras. A pesar de ello, se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los m\u00e1s variados efectos po\u00e9ticos.\r\n\r\nDestaca en el romancero la inmediata composici\u00f3n de la escena y la presentaci\u00f3n de los personajes, la aproximaci\u00f3n a la realidad con una gran fuerza pl\u00e1stica y el arte de saber llevar, sin dilaciones, la atenci\u00f3n del oyente hacia el n\u00facleo tem\u00e1tico. Se combinan admirablemente la narraci\u00f3n y el di\u00e1logo; mediante \u00e9ste se consigue el caracter\u00edstico movimiento dram\u00e1tico de muchos romanes.\r\n\r\nLa alternancia en la utilizaci\u00f3n de las formas verbales - presente\/pret\u00e9rito - es otro aspecto que anima la narraci\u00f3n con el cambio de perspectivas temporales, desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.\r\n\r\nLas f\u00f3rmulas expresivas m\u00e1s utilizadas son las repeticiones de palabras o frases y el uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y r\u00edtmica. Tambi\u00e9n se usan con mucha frecuencia las formas de\u00edcticas, apostr\u00f3ficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atenci\u00f3n del oyente.\r\n\r\nOtra caracter\u00edstica muy importante es el fragmentarismo: el romance se centra en un momento determinado de la acci\u00f3n. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra, <em>in medias res<\/em>, directamente en el asunto. Adem\u00e1s, con mucha frecuencia, la narraci\u00f3n se rompe bruscamente sin que se conozca el desenlace final. El resultado es de una incre\u00edble eficacia po\u00e9tica, al atrapar al oyente en el misterio y la emoci\u00f3n y hacerle participar con su propia imaginaci\u00f3n, lanzada a una actividad creadora personal.\r\n\r\nLa evoluci\u00f3n puede ser: de los <em>cantares de gesta<\/em> pasa la materia \u00e9pica a las <em>Cr\u00f3nicas<\/em> y luego, de unos y otras, a los romances y de ah\u00ed a los pliegos de cordel, al teatro del siglo de oro y al romanticismo. (<a href=\"https:\/\/romancero.es\/articles\/damaso alonso tradicion epica menendez pidal.pdf\">ver art\u00edculo<\/a> de D\u00e1maso Alonso).\r\n<p style=\"text-align: center;\">cantares -- cr\u00f3nicas -- romances<\/p>\r\nLos <em>cantares<\/em> muestran la decadencia de la tradici\u00f3n \u00e9pica en la transici\u00f3n de la literatura heroica al romancero, un intermedio ideal para hacer germinar lo novelesco, que tanta importancia tiene en el g\u00e9nero \u00e9pico-l\u00edrico.\r\n\r\n\u00bfCu\u00e1l es el origen del romancero? Esa pregunta no est\u00e1 todav\u00eda contestada. El origen de parte de los romances parece situarse a finales de la Edad Media en la descomposici\u00f3n de los poemas \u00e9picos. Sin embargo, hay romances que guardan mayor relaci\u00f3n con las variantes l\u00edricas de la poes\u00eda tradicional.\r\n\r\nLa teor\u00eda pidaliana ofrece algunos flancos d\u00e9biles. Por un lado est\u00e1 la oscura cuesti\u00f3n de la forma m\u00e9trica en los cantares de gesta. Por otro, el hecho de que la \u00e9pica, en Espa\u00f1a, haya producido muy pocos textos \u2013sobre todo si se la compara con la francesa\u2013 y no se explica muy bien que de unos pocos poemas \u00e9picos pueda salir tanto romance. Aqu\u00ed los pidalianos arguyen que tambi\u00e9n se hicieron romances tomando como base los textos de las cr\u00f3nicas. No obstante, esta teor\u00eda tan s\u00f3lo explicar\u00eda cierto tipo de romances, los \u00e9picos y los hist\u00f3ricos, pero dejar\u00eda sin explicar el importante grupo de los fronterizos y los novelescos. Y, precisamente, tomando este \u00faltimo tipo de romances, vendr\u00e1 la objeci\u00f3n m\u00e1s seria a las teor\u00edas de Pidal, las cuales dif\u00edcilmente justifican la presencia, en pr\u00e1cticamente todos los romances, del componente l\u00edrico.\r\n\r\nEn esta l\u00ednea se orienta una nueva vertiente de la cr\u00edtica, representada por Giuseppe di Stefano, Paul B\u00e9nichou o Mar\u00eda Cruz Gonz\u00e1lez de Enterr\u00eda, quienes, desde posiciones m\u00e1s ecl\u00e9cticas, ven el origen del Romancero precisamente en la derivaci\u00f3n desde g\u00e9neros \u00e9picos o narrativos, pero tambi\u00e9n desde g\u00e9neros l\u00edricos, como la balada europea o las l\u00edricas hisp\u00e1nicas e hispanomusulmanas. Se explicar\u00edan as\u00ed, m\u00e1s satisfactoriamente, el verso octos\u00edlabo, de ra\u00edz l\u00edrica hisp\u00e1nica, la tendencia del romance a agrupar sus versos en cuartetas, la neta poeticidad formal del romance y los procesos de condensaci\u00f3n l\u00edrica y simb\u00f3lica en \u00e9l tan frecuentes. De nuevo, el romance se nos presenta como portentoso crisol donde se sintetizan y transforman materiales muy diversos. Crisol capaz de absorber, en principio, cualquier material extual, en cualquier forma y contenido \u2013\u00e9pico, dram\u00e1tico, l\u00edrico, hist\u00f3rico, cuent\u00edstico, etc.\u2013 para devolverlo plena y est\u00e9ticamente transfigurado.\r\n\r\nMarquillos: cuando la calidad del romance de tradici\u00f3n oral es superior a las versiones recogidas en libros.\r\n\r\n&nbsp;\r\n\r\nEl romancero es un g\u00e9nero que forma parte del gran canon de la literatura occidental, y es la rama m\u00e1s vigorosa, por su amplitud espacial, temporal y ling\u00fc\u00edstica, de un g\u00e9nero transnacional, la balada narrativa popular europea.\r\n\r\nEl consenso cr\u00edtico, la Academia, nos dice que, independientemente de sus controvertidos or\u00edgenes, estamos a la vez ante un g\u00e9nero de transmisi\u00f3n y recreaci\u00f3n oral, y escrita. Ese mismo consenso afirma que el romancero es un fen\u00f3meno de larga duraci\u00f3n, existente desde la Espa\u00f1a medieval o postmedieval hasta la actualidad. Es tambi\u00e9n consabido, sin embargo, que desde casi los principios de la imprenta, los romances interesan, cremat\u00edsticamente, a los impresores, y desde principios del siglo XVI se imprimen romances en pliegos sueltos y en colecciones extensas de romances. Tambi\u00e9n ocasionalmente se copian romances en manuscritos desde el siglo XV. Pero la eventual fijaci\u00f3n por escrito no anula que la transmisi\u00f3n de los romances haya sido o siga siendo un fen\u00f3meno b\u00e1sicamente oral, en unas comunidades de transmisores compuestas muy mayoritariamente por analfabetos.\r\n\r\nHasta aqu\u00ed la ortodoxia fijada por Men\u00e9ndez Pidal y su escuela. El romancero es un continuum desde el siglo XIV al XXI: <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/mancero - Diego Catalan.pdf\"><em>Siete siglos de Romancero<\/em> <\/a>es el t\u00edtulo de un libro de Diego Catal\u00e1n. Esa misma ortodoxia enfatiza la creatividad del g\u00e9nero, seg\u00fan se manifiesta en su diacron\u00eda y en su difusi\u00f3n espacial; en las variaciones pr\u00e1cticamente ilimitadas que los romances experimentan, por su adaptaci\u00f3n al medio, es decir a los intereses de sus depositarios, los transmisores, que a largo plazo modifican profundamente los textos primitivos. Intervienen tambi\u00e9n los intereses de los impresores y los valores sociales que se desea primar en determinados periodos del siglo XVI y en determinadas coyunturas hist\u00f3ricas, lo que hace que se impriman preferiblemente unos romances y no otros, y que se impriman en unos a\u00f1os concretos, y no en otros.\r\n\r\nNo cabe duda de que la posibilidad de cotejar dos cortes sincr\u00f3nicos en la evoluci\u00f3n de las f\u00e1bulas romanc\u00edsticas, con dos corpus extensos de los siglos XV y XVI, por una parte, y del XIX en adelante, por otra, es casi \u00fanica en la balada europea, y se supone que los estudiosos debemos sacar partido de toda la variedad temporal y geogr\u00e1fica que ofrece el romancero, o en cualquier caso no soslayarla.\r\n\r\nEn los \u00faltimos a\u00f1os, sin embargo, esa consideraci\u00f3n global de los romances parece haber entrado en crisis, y asistimos a la defensa de propuestas reduccionistas, en el sentido de que renuncian al estudio y a la edici\u00f3n del romancero como un continuum unitario. Renuncian, o consideran que ese continuum es ilusorio, o, si existe, carece de inter\u00e9s.\r\n\r\nLas Escila y Caribdis en el estudio del romancero, a que me refer\u00eda en el t\u00edtulo de esta ponencia son, precisamente, esas perspectivas reduccionistas: enti\u00e9ndase bien que reduccionista no tiene aqu\u00ed un significado necesariamente negativo. Si se prefiere, podemos hablar, mejor, de perspectivas de especialista, o de perspectivas sectoriales. Se tratar\u00eda sencillamente de acotar mejor un campo de estudio, bien sea centr\u00e1ndose en el romancero viejo impreso en el siglo XVI, o bien en el componente etnogr\u00e1fico de la tradici\u00f3n oral moderna en el siglo XX. Y en s\u00ed mismas, esas perspectivas naturalmente no tienen nada de perjudicial para nuestros estudios sino todo lo contrario. Los trabajos de Giuseppe di Stefano sobre el romancero viejo y sus textos, desde los 1960s hasta hoy han iluminado decisivamente nuestra comprensi\u00f3n del romancero viejo. Y para el romancero impreso y sus condicionantes a nadie le cabe duda que los estudios del propio Di Stefano, los de Vicen\u00e7 Beltran, Alejandro Higashi o Mario Garvin (por fortuna todos ellos presentes en este congreso), o los del recientemente y tristemente desaparecido Victor Infantes, y otros estudiosos, nos hacen ver el romancero a nueva y m\u00e1s brillante luz.\r\n\r\nLo mismo puede afirmarse de las perspectivas aportadas por te\u00f3ricos de la literatura y por folcloristas, etn\u00f3grafos y antrop\u00f3logos al estudio de la tradici\u00f3n oral moderna. Leemos y entendemos ahora los romances mucho mejor que en el pasado, una vez que los consideramos como estructuras significantes complejas, muy lejos de la mera espontaneidad y la simplicidad natural que les atribu\u00edan los admiradores rom\u00e1nticos y postrom\u00e1nticos.\r\n\r\nAhora bien, las perspectivas especializadas tienen, a mi juicio, ciertos riesgos. Y el primero de ellos es la renuncia, expl\u00edcita o impl\u00edcita, a un estudio del g\u00e9nero en toda su complejidad y riqueza.\r\n\r\nPor una parte se han publicado notables estudios que consideran el romancero que se imprime en el siglo XVI como un conjunto de textos del todo an\u00e1logos a la poes\u00eda culta, de autor, que se escribe y se imprime en ese siglo.\r\n\r\nEs una realidad, que nadie niega, que una vez que los romances se imprimen se comportan b\u00e1sicamente como cualquier otro objeto literario impreso. Las erratas, correcciones de imprenta y en general la transmisi\u00f3n de unas ediciones a otras no difieren mucho, o nada, de las que se aprecian en los impresos de otros g\u00e9neros po\u00e9ticos o pros\u00edsticos. Pero si se tiene en cuenta que la eventual puesta por escrito, manuscrita o impresa, no anula en modo alguno el que los romances se siguieran memorizando y ejecutando en un medio oral, creo evidente que los testimonios impresos en su estricta materialidad objetual no nos explican ni todo el romancero, ni el romancero del siglo XVI, ni tampoco el propio romancero impreso en el siglo XVI.\r\n\r\nEl libro de Mario Garvin, <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Scripta manent Hacia una edicio\u0301n cri\u0301tica del romancero impreso (siglo XVI).pdf\"><em>Hacia una edici\u00f3n cr\u00edtica del romancero impreso (siglo XVI)<\/em><\/a>, de 2007, encabeza su t\u00edtulo, con el r\u00f3tulo <em>Scripta manent<\/em>, destacado en letras rojas. El contenido del libro responde fielmente a su t\u00edtulo. En efecto, para el autor s\u00f3lo lo escrito cuenta. La conclusi\u00f3n es que ni los antecedentes medievales, bien sean \u00e9picos, de la novela europea o cualquier otro origen, tienen para \u00e9l la menor relevancia, como tampoco la tiene la descendencia oral de los romances que nos consta que se cantaban en el XVI, hayan sido o no impresos.\r\n\r\nClaro est\u00e1 que es del sumo inter\u00e9s establecer con la mayor seguridad posible la bibliograf\u00eda material del romancero viejo, pero ello no supone que los romances sean objetos literarios id\u00e9nticos a los poemas de Montemayor o Garcilaso. Y mucho menos que las alteraciones textuales en la transmisi\u00f3n impresa del romancero se deban exclusivamente a errores de tip\u00f3grafos o a correcciones deliberadas de los regentes de una imprenta de Sevilla, Burgos o Amberes. Los cambios esenciales, los \u00fanicos que de verdad interesan al estudioso, los que no son reductibles a la letra peque\u00f1a de un tan necesario como casi siempre tedioso aparato cr\u00edtico, son los que se deben a la coexistencia de versiones distintas, que ya exist\u00edan en el siglo XVI. Hay demasiadas evidencias de ello como para poder negarlo.\r\n\r\nCreo que deber\u00edamos tomarnos m\u00e1s en serio las palabras, citadas hasta la saciedad, de Mart\u00edn Nucio en el pr\u00f3logo al <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>:\r\n<blockquote>No niego, que en los [romances] que aqu\u00ed van impresos habr\u00e1 alguna falta, pero esta se debe imputar a los exemplares de adonde los saqu\u00e9 que estaban muy corruptos, y a la flaqueza de la memoria de algunos que me los dictaron, que no se pod\u00edan acordar de ellos perfectamente.<\/blockquote>\r\nAl mencionar \u201clos exemplares de donde los saqu\u00e9\u201d, sabemos bien que se refiere a los pliegos sueltos. Ya Men\u00e9ndez Pidal identific\u00f3 varios de los pliegos que sirvieron de fuente a Mart\u00edn Nucio, y ese cat\u00e1logo de pliegos fuente ha sido corregido y aumentado por otros estudiosos, entre ellos el propio Garvin. Claro es que cabr\u00eda preguntarse de d\u00f3nde tomaron los primeros impresores de pliegos los textos que imprim\u00edan, y la respuesta no est\u00e1 s\u00f3lo en el <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancionerogenera01cast\/page\/n9\/mode\/2up\"><em>Cancionero General<\/em><\/a> de Hernando del Castillo ni en otras previas fuentes impresas. Igual que Nucio, los pliegos sueltos recurrieron muchas veces, si no como norma general, a recitaciones orales dictadas. Ahora bien, en cuanto al <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>, se nos dice que las fuentes orales son pr\u00e1cticamente inexistentes. Habr\u00eda s\u00f3lo unos cinco romances \u2014cinco\u2014, tomados de recitaciones orales, y una decena con fuente manuscrita. Confieso que no entiendo muy bien esa distinci\u00f3n. Claro es que Nucio o su colaborador espa\u00f1ol al usar fuentes orales, anotar\u00edan al dictado la versi\u00f3n recitada o cantada de viva voz, igual que han seguido haciendo los colectores de romances hasta hoy mismo, es decir los romances pasar\u00edan por una transcripci\u00f3n, por el manuscrito, antes de imprimirse. Pero independientemente de que las versiones de fuente oral directa sean m\u00e1s o menos numerosas en el <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>, lo significativo es que Nucio dice con n\u00edtida claridad que los romances exist\u00edan en la memoria de quienes los cantaban, y que consideraba esa fuente tan v\u00e1lida y tan falible como la de los \u201cexemplares\u201d impresos. La letra corrupta y la flaqueza de memoria son las dos caras de la misma imperfecci\u00f3n que advierte y lamenta en los textos que daba a luz.\r\n\r\n<em>Scripta manent<\/em>, muy cierto; pero tambi\u00e9n lo es que <em>Verba manent<\/em>, y no s\u00f3lo <em>Verba volant<\/em>. Sin apoyo escrito se han transmitido durante siglos los poemas hom\u00e9ricos, y durante alg\u00fan milenio los <em>gathas<\/em> o himnos de Zoroastro, y ello con una voluntad de exactitud y fidelidad a las <em>Verba<\/em> recibidas que poco tiene que envidiar a la de un escrupuloso editor de textos escritos. Pero no es menos cierto que, tanto <em>Scripta<\/em> como <em>Verba<\/em>, ambas <em>manent et mutant<\/em>. Una versi\u00f3n de un romance recogida en el siglo XXI puede tener algunos o varios versos id\u00e9nticos a los que figuraban en la versi\u00f3n de ese mismo romance que fue impresa en un pliego suelto del siglo XVI; pero tendr\u00e1 muchos m\u00e1s versos que son distintos o nuevos. Al estudioso del romancero le interesan tanto unos como otros; o, si acaso, le interesan m\u00e1s los versos diferentes, los nuevos, o los suprimidos, puestos que en ellos se refleja con mayor contundencia la vitalidad del g\u00e9nero y la creatividad de las cadenas de transmisores.\r\n\r\nPienso que tal vez algunos de los problemas, incomprensiones o desacuerdos que existen a menudo en los estudios sobre el romancero proceden en \u00faltima instancia de la polisemia que existe en el t\u00e9rmino romance; romance design\u00f3, como sabemos, la lengua vulgar como distinta de la lengua sabia, el lat\u00edn; y romance es tambi\u00e9n una narraci\u00f3n en verso o prosa de contenido fant\u00e1stico o idealista. Pero la bisemia m\u00e1s habitual y perturbadora es la que se produce entre romance entendido como un poema narrativo, de procedencia o estilo, digamos, popular o popularizante o popularizado (si se quiere evitar el t\u00e9rmino oral), por una parte, y por otra romance entendido como una forma m\u00e9trica, caracterizada por el verso octos\u00edlabo, y la asonancia monorrima.\r\n\r\nEs realmente excepcional en la balada europea que una forma m\u00e9trica concreta sea el veh\u00edculo dominante o mayoritario para todo el g\u00e9nero po\u00e9tico. En cualquier corpus de tradici\u00f3n balad\u00edstica, escandinava, angloescocesa, francesa, etc., puede f\u00e1cilmente advertirse que las baladas narrativas adoptan una pluralidad de formas m\u00e9tricas. En el caso hisp\u00e1nico, en cambio, existe una casi absoluta dictadura de una forma m\u00e9trica, la del verso de romance (8+8), y la rima seguida, para manifestar el g\u00e9nero de la canci\u00f3n narrativa de estilo popular. Existen excepciones, claro: hay romances en verso hexas\u00edlabo o heptas\u00edlabo; y hay amplios vestigios de composiciones narrativas paralel\u00edsticas. Tambi\u00e9n el monorrimo puede transgredirse con poliasonancias varias, introducci\u00f3n de estribillos, versos de invocaci\u00f3n, etc. Pero tenemos interiorizado de forma casi autom\u00e1tica que un romance est\u00e1 en forma m\u00e9trica de romance, y que si una composici\u00f3n est\u00e1 en verso de romance es un romance. Y si no est\u00e1 en verso de romance naturalmente no es un romance. Se produce as\u00ed el hecho de que, por ejemplo, una balada narrativa popular muy difundida en Portugal continental, A\u00e7ores, Madeira, y Galicia, <a href=\"https:\/\/romancero.es\/romances\/?f1=0453&amp;f2=&amp;f3=&amp;f4=&amp;f5=&amp;f6=&amp;f7=&amp;f8=&amp;f9=&amp;f10=&amp;wpcfs=preset-1\"><em>La pastora probada por su hermano<\/em><\/a> (IGR: 0453), de forma estr\u00f3fica, no suele ser considerada como romance, cuando es sin duda una balada de pleno derecho con abundantes paralelos en la tradici\u00f3n europea de varias lenguas. Pero lo mismo sucede ya en \u00e9poca antigua con las <em>Coplas de los Comendadores<\/em>, o las <a href=\"https:\/\/romancero.es\/articulos\/Coplas de la morisca garrida.pdf\"><em>Coplas de la morica garrida<\/em><\/a>, que son tambi\u00e9n baladas plenamente narrativas pero nunca se incluyen en las ediciones can\u00f3nicas y estudios sobre el romancero ib\u00e9rico por la simple raz\u00f3n de no estar en verso de romance.\r\n\r\nInversamente, s\u00ed tendemos a considerar como romances, pertenecientes al g\u00e9nero romance, los romances trovadorescos, en donde no existe narraci\u00f3n, o la narraci\u00f3n es pura alegor\u00eda, y que son composiciones de autor conocido y no tienen nada o tienen muy poco de popular o popularizante. Pero, eso s\u00ed, est\u00e1n de metro de romance. \u00bfY qu\u00e9 decir del romancero erudito o cron\u00edstico, a lo Sep\u00falveda, o del romancero nuevo de Lope de Vega y sus coet\u00e1neos, o del romancero de ciegos? Estos g\u00e9neros o subg\u00e9neros po\u00e9ticos s\u00ed son nar- rativos, a veces sobreabundantemente narrativos, pero ni a Svend Grundtvig, ni a Francis Child, ni a John Meier, ni al mismo Georges Doncieux, se les habr\u00eda ocurrido nunca incluir poemas de ese tipo en una compilaci\u00f3n de baladas danesas, angloescocesas, alemanas o francesas. En el romancero hisp\u00e1nico, en cambio, la identidad formal m\u00e9trica, y el ver coexistir todos estos g\u00e9neros en los pliegos sueltos y cancioneros del siglo XVI, nos llevaa hacer la inferencia de que todo son igualmente romances y a desdibujar lo espec\u00edfico del romancero que con mayor o menos exactitud denominamos romancero viejo, tradicional, oral o popular. El romancero trovadoresco, erudito-cron\u00edstico, nuevo o de ciegos son g\u00e9neros de indudable inter\u00e9s y merecedores de estudio, pero no son romances o baladas en un sentido m\u00ednimamente estricto, a pesar de la analog\u00eda o identidad de su forma m\u00e9trica.\r\n\r\nNi B\u00e9nichou en su <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Creacion%20poetica%20en%20el%20romancero%20tradicion%20-%20Benichou,%20Paul.pdf\"><em>Creaci\u00f3n po\u00e9tica en el romancero tradicional<\/em><\/a> ni Men\u00e9ndez Pidal en sus fragmentos sobre los periodos a\u00e9dico y raps\u00f3dicos (<a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Romancero%20Hispa%CC%81nico%20-%20Vol%20I%20-%20Ramo%CC%81n%20Mene%CC%81ndez%20Pidal.pdf\"><em>Romancero hisp\u00e1nico. Teor\u00eda e historia<\/em><\/a>) pretend\u00edan dar una visi\u00f3n excluyente y monol\u00edtica de la transmisi\u00f3n romanc\u00edstica.","rendered":"<p>En Espa\u00f1a la tradici\u00f3n \u00e9pica medieval fue recogida fundamentalmente gracias a la transmisi\u00f3n oral por medio de <em>cantares<\/em> y <em>romances<\/em>. Las cr\u00f3nicas medievales emplearon ambos t\u00e9rminos para describir la actividad noticiera de los juglares, verdaderos peri\u00f3dicos de la \u00e9poca. En las <em>Partidas<\/em> de Alfonso X se recomienda que en la corte \u201clos juglares no dijesen otros cantares que los de gesta o que hablasen de hechos de armas\u201d.<\/p>\n<p>En un principio, romances eran creaciones narrativas no compuestas en lat\u00edn sino en lengua vulgar o romance interpretadas por juglares. Pero parece que tambi\u00e9n la palabra \u201cromanz\u201d alud\u00eda a un poema narrativo de asunto heroico, de ah\u00ed la equ\u00edvoca utilizaci\u00f3n de <em>romance<\/em> y <em>cantar<\/em> para denominar la misma creaci\u00f3n po\u00e9tica. Al Poema del M\u00edo Cid se le llama <em>cantar<\/em> en el propio texto pero en a\u00f1adido posterior se dice:\u201d El romanz es le\u00eddo\/ dat nos el vino\u201d<\/p>\n<p>Atendiendo al plano de composici\u00f3n, <em>romance<\/em> es un poema no estr\u00f3fico de m\u00e9trica octosil\u00e1bica y rima asonantada en los pares. El rasgo com\u00fan m\u00e1s significativa del romance es su car\u00e1cter \u00e9pico-l\u00edrico. El <em>romance<\/em> nace en la pen\u00ednsula ib\u00e9rica \u2013seg\u00fan Men\u00e9ndez Pidal- a partir de los cantares de gesta y los relatos de epopeya castellana con la que est\u00e1 fuertemente emparentado en sus inicios.<\/p>\n<p>Las recopilaciones de romances se llaman <em>Romanceros<\/em>. La denominaci\u00f3n <em>Romancero<\/em> dista mucho de ser un cuerpo homog\u00e9neo. Uno de los problemas fundamentales para su definici\u00f3n es la gran variedad de sus materiales.<\/p>\n<p>El romancero es un g\u00e9nero que forma parte del gran canon de la literatura occidental, y es la rama m\u00e1s vigorosa, por su amplitud espacial, temporal y ling\u00fc\u00edstica, de un g\u00e9nero transnacional, la balada narrativa popular europea.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de Jes\u00fas Antonio Cid se resume en la siguiente frase: \u00absolo gracias a que hab\u00eda romances orales pudieron existir los pliegos que imprim\u00edan romances viejos y, antes o despu\u00e9s, los cancioneros de romances\u00bb (ver <a href=\"https:\/\/romancero.es\/articulos\/02VIEJOS_SON_PERO_NON_CANSAN_JesusAntonioCid.pdf\">art\u00edculo<\/a>),<\/p>\n<p>En las ediciones de romances recogidos de la tradici\u00f3n oral se transcrib\u00edan los romances en versos de 16 s\u00edlabas \u2013 repartidos en dos hemistiquios de ocho- resaltando as\u00ed la conexi\u00f3n del romancero con la \u00e9pica, aunque a veces criterios est\u00e9ticos o tipogr\u00e1ficos pesaron m\u00e1s al elegir el modo de transcripci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los impresores de pliegos sueltos, igual que los primeros recopiladores de romances del s. XVI, imprimieron sin embargo sus cancioneros de romances en versos cortos. Lo cierto es que a partir de esa \u00e9poca los romances se compondr\u00e1n sobre la base m\u00e9trica del octos\u00edlabo, aunque en el romancero de tradici\u00f3n oral -tal como se\u00f1alaba Men\u00e9ndez Pidal \u2013 jam\u00e1s el sentido se mantiene de manera completa despu\u00e9s del octos\u00edlabo primero, lo que para \u00e9l constitu\u00eda una prueba clara de la persistencia del verso largo en el mismo.<\/p>\n<p>Joseph Bedier, Benedetto Croce o Leo Spitzer entre otros se opondr\u00edan a las tesis pidalinas o neotradicionalista por varias razones:<\/p>\n<ul>\n<li>La discutible dependencia del romancero en relaci\u00f3n con el cantar de gesta<\/li>\n<li>Las diferencias estil\u00edsticas entre ambos<\/li>\n<li>Las coincidencias formales -como por ejemplo en lo referente a la m\u00e9trica- del romancero con algunas composiciones l\u00edricas<\/li>\n<li>La imposibilidad de que, de acuerdo con estos autores, el p\u00fablico llegara a la creaci\u00f3n de una forma t\u00e9cnica tan sutil por selecci\u00f3n an\u00f3nima de trozos de epopeya<\/li>\n<\/ul>\n<p>Desde el punto de vista estil\u00edstico, el romancero manifiesta una gran sencillez y sobriedad de recursos: descripciones parcas y realistas, casi total ausencia de elementos fant\u00e1sticos o maravillosos y escasez de adjetivos y met\u00e1foras. A pesar de ello, se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los m\u00e1s variados efectos po\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Destaca en el romancero la inmediata composici\u00f3n de la escena y la presentaci\u00f3n de los personajes, la aproximaci\u00f3n a la realidad con una gran fuerza pl\u00e1stica y el arte de saber llevar, sin dilaciones, la atenci\u00f3n del oyente hacia el n\u00facleo tem\u00e1tico. Se combinan admirablemente la narraci\u00f3n y el di\u00e1logo; mediante \u00e9ste se consigue el caracter\u00edstico movimiento dram\u00e1tico de muchos romanes.<\/p>\n<p>La alternancia en la utilizaci\u00f3n de las formas verbales &#8211; presente\/pret\u00e9rito &#8211; es otro aspecto que anima la narraci\u00f3n con el cambio de perspectivas temporales, desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.<\/p>\n<p>Las f\u00f3rmulas expresivas m\u00e1s utilizadas son las repeticiones de palabras o frases y el uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y r\u00edtmica. Tambi\u00e9n se usan con mucha frecuencia las formas de\u00edcticas, apostr\u00f3ficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atenci\u00f3n del oyente.<\/p>\n<p>Otra caracter\u00edstica muy importante es el fragmentarismo: el romance se centra en un momento determinado de la acci\u00f3n. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra, <em>in medias res<\/em>, directamente en el asunto. Adem\u00e1s, con mucha frecuencia, la narraci\u00f3n se rompe bruscamente sin que se conozca el desenlace final. El resultado es de una incre\u00edble eficacia po\u00e9tica, al atrapar al oyente en el misterio y la emoci\u00f3n y hacerle participar con su propia imaginaci\u00f3n, lanzada a una actividad creadora personal.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n puede ser: de los <em>cantares de gesta<\/em> pasa la materia \u00e9pica a las <em>Cr\u00f3nicas<\/em> y luego, de unos y otras, a los romances y de ah\u00ed a los pliegos de cordel, al teatro del siglo de oro y al romanticismo. (<a href=\"https:\/\/romancero.es\/articles\/damaso alonso tradicion epica menendez pidal.pdf\">ver art\u00edculo<\/a> de D\u00e1maso Alonso).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">cantares &#8212; cr\u00f3nicas &#8212; romances<\/p>\n<p>Los <em>cantares<\/em> muestran la decadencia de la tradici\u00f3n \u00e9pica en la transici\u00f3n de la literatura heroica al romancero, un intermedio ideal para hacer germinar lo novelesco, que tanta importancia tiene en el g\u00e9nero \u00e9pico-l\u00edrico.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el origen del romancero? Esa pregunta no est\u00e1 todav\u00eda contestada. El origen de parte de los romances parece situarse a finales de la Edad Media en la descomposici\u00f3n de los poemas \u00e9picos. Sin embargo, hay romances que guardan mayor relaci\u00f3n con las variantes l\u00edricas de la poes\u00eda tradicional.<\/p>\n<p>La teor\u00eda pidaliana ofrece algunos flancos d\u00e9biles. Por un lado est\u00e1 la oscura cuesti\u00f3n de la forma m\u00e9trica en los cantares de gesta. Por otro, el hecho de que la \u00e9pica, en Espa\u00f1a, haya producido muy pocos textos \u2013sobre todo si se la compara con la francesa\u2013 y no se explica muy bien que de unos pocos poemas \u00e9picos pueda salir tanto romance. Aqu\u00ed los pidalianos arguyen que tambi\u00e9n se hicieron romances tomando como base los textos de las cr\u00f3nicas. No obstante, esta teor\u00eda tan s\u00f3lo explicar\u00eda cierto tipo de romances, los \u00e9picos y los hist\u00f3ricos, pero dejar\u00eda sin explicar el importante grupo de los fronterizos y los novelescos. Y, precisamente, tomando este \u00faltimo tipo de romances, vendr\u00e1 la objeci\u00f3n m\u00e1s seria a las teor\u00edas de Pidal, las cuales dif\u00edcilmente justifican la presencia, en pr\u00e1cticamente todos los romances, del componente l\u00edrico.<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea se orienta una nueva vertiente de la cr\u00edtica, representada por Giuseppe di Stefano, Paul B\u00e9nichou o Mar\u00eda Cruz Gonz\u00e1lez de Enterr\u00eda, quienes, desde posiciones m\u00e1s ecl\u00e9cticas, ven el origen del Romancero precisamente en la derivaci\u00f3n desde g\u00e9neros \u00e9picos o narrativos, pero tambi\u00e9n desde g\u00e9neros l\u00edricos, como la balada europea o las l\u00edricas hisp\u00e1nicas e hispanomusulmanas. Se explicar\u00edan as\u00ed, m\u00e1s satisfactoriamente, el verso octos\u00edlabo, de ra\u00edz l\u00edrica hisp\u00e1nica, la tendencia del romance a agrupar sus versos en cuartetas, la neta poeticidad formal del romance y los procesos de condensaci\u00f3n l\u00edrica y simb\u00f3lica en \u00e9l tan frecuentes. De nuevo, el romance se nos presenta como portentoso crisol donde se sintetizan y transforman materiales muy diversos. Crisol capaz de absorber, en principio, cualquier material extual, en cualquier forma y contenido \u2013\u00e9pico, dram\u00e1tico, l\u00edrico, hist\u00f3rico, cuent\u00edstico, etc.\u2013 para devolverlo plena y est\u00e9ticamente transfigurado.<\/p>\n<p>Marquillos: cuando la calidad del romance de tradici\u00f3n oral es superior a las versiones recogidas en libros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El romancero es un g\u00e9nero que forma parte del gran canon de la literatura occidental, y es la rama m\u00e1s vigorosa, por su amplitud espacial, temporal y ling\u00fc\u00edstica, de un g\u00e9nero transnacional, la balada narrativa popular europea.<\/p>\n<p>El consenso cr\u00edtico, la Academia, nos dice que, independientemente de sus controvertidos or\u00edgenes, estamos a la vez ante un g\u00e9nero de transmisi\u00f3n y recreaci\u00f3n oral, y escrita. Ese mismo consenso afirma que el romancero es un fen\u00f3meno de larga duraci\u00f3n, existente desde la Espa\u00f1a medieval o postmedieval hasta la actualidad. Es tambi\u00e9n consabido, sin embargo, que desde casi los principios de la imprenta, los romances interesan, cremat\u00edsticamente, a los impresores, y desde principios del siglo XVI se imprimen romances en pliegos sueltos y en colecciones extensas de romances. Tambi\u00e9n ocasionalmente se copian romances en manuscritos desde el siglo XV. Pero la eventual fijaci\u00f3n por escrito no anula que la transmisi\u00f3n de los romances haya sido o siga siendo un fen\u00f3meno b\u00e1sicamente oral, en unas comunidades de transmisores compuestas muy mayoritariamente por analfabetos.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed la ortodoxia fijada por Men\u00e9ndez Pidal y su escuela. El romancero es un continuum desde el siglo XIV al XXI: <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/mancero - Diego Catalan.pdf\"><em>Siete siglos de Romancero<\/em> <\/a>es el t\u00edtulo de un libro de Diego Catal\u00e1n. Esa misma ortodoxia enfatiza la creatividad del g\u00e9nero, seg\u00fan se manifiesta en su diacron\u00eda y en su difusi\u00f3n espacial; en las variaciones pr\u00e1cticamente ilimitadas que los romances experimentan, por su adaptaci\u00f3n al medio, es decir a los intereses de sus depositarios, los transmisores, que a largo plazo modifican profundamente los textos primitivos. Intervienen tambi\u00e9n los intereses de los impresores y los valores sociales que se desea primar en determinados periodos del siglo XVI y en determinadas coyunturas hist\u00f3ricas, lo que hace que se impriman preferiblemente unos romances y no otros, y que se impriman en unos a\u00f1os concretos, y no en otros.<\/p>\n<p>No cabe duda de que la posibilidad de cotejar dos cortes sincr\u00f3nicos en la evoluci\u00f3n de las f\u00e1bulas romanc\u00edsticas, con dos corpus extensos de los siglos XV y XVI, por una parte, y del XIX en adelante, por otra, es casi \u00fanica en la balada europea, y se supone que los estudiosos debemos sacar partido de toda la variedad temporal y geogr\u00e1fica que ofrece el romancero, o en cualquier caso no soslayarla.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, sin embargo, esa consideraci\u00f3n global de los romances parece haber entrado en crisis, y asistimos a la defensa de propuestas reduccionistas, en el sentido de que renuncian al estudio y a la edici\u00f3n del romancero como un continuum unitario. Renuncian, o consideran que ese continuum es ilusorio, o, si existe, carece de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Las Escila y Caribdis en el estudio del romancero, a que me refer\u00eda en el t\u00edtulo de esta ponencia son, precisamente, esas perspectivas reduccionistas: enti\u00e9ndase bien que reduccionista no tiene aqu\u00ed un significado necesariamente negativo. Si se prefiere, podemos hablar, mejor, de perspectivas de especialista, o de perspectivas sectoriales. Se tratar\u00eda sencillamente de acotar mejor un campo de estudio, bien sea centr\u00e1ndose en el romancero viejo impreso en el siglo XVI, o bien en el componente etnogr\u00e1fico de la tradici\u00f3n oral moderna en el siglo XX. Y en s\u00ed mismas, esas perspectivas naturalmente no tienen nada de perjudicial para nuestros estudios sino todo lo contrario. Los trabajos de Giuseppe di Stefano sobre el romancero viejo y sus textos, desde los 1960s hasta hoy han iluminado decisivamente nuestra comprensi\u00f3n del romancero viejo. Y para el romancero impreso y sus condicionantes a nadie le cabe duda que los estudios del propio Di Stefano, los de Vicen\u00e7 Beltran, Alejandro Higashi o Mario Garvin (por fortuna todos ellos presentes en este congreso), o los del recientemente y tristemente desaparecido Victor Infantes, y otros estudiosos, nos hacen ver el romancero a nueva y m\u00e1s brillante luz.<\/p>\n<p>Lo mismo puede afirmarse de las perspectivas aportadas por te\u00f3ricos de la literatura y por folcloristas, etn\u00f3grafos y antrop\u00f3logos al estudio de la tradici\u00f3n oral moderna. Leemos y entendemos ahora los romances mucho mejor que en el pasado, una vez que los consideramos como estructuras significantes complejas, muy lejos de la mera espontaneidad y la simplicidad natural que les atribu\u00edan los admiradores rom\u00e1nticos y postrom\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Ahora bien, las perspectivas especializadas tienen, a mi juicio, ciertos riesgos. Y el primero de ellos es la renuncia, expl\u00edcita o impl\u00edcita, a un estudio del g\u00e9nero en toda su complejidad y riqueza.<\/p>\n<p>Por una parte se han publicado notables estudios que consideran el romancero que se imprime en el siglo XVI como un conjunto de textos del todo an\u00e1logos a la poes\u00eda culta, de autor, que se escribe y se imprime en ese siglo.<\/p>\n<p>Es una realidad, que nadie niega, que una vez que los romances se imprimen se comportan b\u00e1sicamente como cualquier otro objeto literario impreso. Las erratas, correcciones de imprenta y en general la transmisi\u00f3n de unas ediciones a otras no difieren mucho, o nada, de las que se aprecian en los impresos de otros g\u00e9neros po\u00e9ticos o pros\u00edsticos. Pero si se tiene en cuenta que la eventual puesta por escrito, manuscrita o impresa, no anula en modo alguno el que los romances se siguieran memorizando y ejecutando en un medio oral, creo evidente que los testimonios impresos en su estricta materialidad objetual no nos explican ni todo el romancero, ni el romancero del siglo XVI, ni tampoco el propio romancero impreso en el siglo XVI.<\/p>\n<p>El libro de Mario Garvin, <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Scripta manent Hacia una edicio\u0301n cri\u0301tica del romancero impreso (siglo XVI).pdf\"><em>Hacia una edici\u00f3n cr\u00edtica del romancero impreso (siglo XVI)<\/em><\/a>, de 2007, encabeza su t\u00edtulo, con el r\u00f3tulo <em>Scripta manent<\/em>, destacado en letras rojas. El contenido del libro responde fielmente a su t\u00edtulo. En efecto, para el autor s\u00f3lo lo escrito cuenta. La conclusi\u00f3n es que ni los antecedentes medievales, bien sean \u00e9picos, de la novela europea o cualquier otro origen, tienen para \u00e9l la menor relevancia, como tampoco la tiene la descendencia oral de los romances que nos consta que se cantaban en el XVI, hayan sido o no impresos.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que es del sumo inter\u00e9s establecer con la mayor seguridad posible la bibliograf\u00eda material del romancero viejo, pero ello no supone que los romances sean objetos literarios id\u00e9nticos a los poemas de Montemayor o Garcilaso. Y mucho menos que las alteraciones textuales en la transmisi\u00f3n impresa del romancero se deban exclusivamente a errores de tip\u00f3grafos o a correcciones deliberadas de los regentes de una imprenta de Sevilla, Burgos o Amberes. Los cambios esenciales, los \u00fanicos que de verdad interesan al estudioso, los que no son reductibles a la letra peque\u00f1a de un tan necesario como casi siempre tedioso aparato cr\u00edtico, son los que se deben a la coexistencia de versiones distintas, que ya exist\u00edan en el siglo XVI. Hay demasiadas evidencias de ello como para poder negarlo.<\/p>\n<p>Creo que deber\u00edamos tomarnos m\u00e1s en serio las palabras, citadas hasta la saciedad, de Mart\u00edn Nucio en el pr\u00f3logo al <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>:<\/p>\n<blockquote><p>No niego, que en los [romances] que aqu\u00ed van impresos habr\u00e1 alguna falta, pero esta se debe imputar a los exemplares de adonde los saqu\u00e9 que estaban muy corruptos, y a la flaqueza de la memoria de algunos que me los dictaron, que no se pod\u00edan acordar de ellos perfectamente.<\/p><\/blockquote>\n<p>Al mencionar \u201clos exemplares de donde los saqu\u00e9\u201d, sabemos bien que se refiere a los pliegos sueltos. Ya Men\u00e9ndez Pidal identific\u00f3 varios de los pliegos que sirvieron de fuente a Mart\u00edn Nucio, y ese cat\u00e1logo de pliegos fuente ha sido corregido y aumentado por otros estudiosos, entre ellos el propio Garvin. Claro es que cabr\u00eda preguntarse de d\u00f3nde tomaron los primeros impresores de pliegos los textos que imprim\u00edan, y la respuesta no est\u00e1 s\u00f3lo en el <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancionerogenera01cast\/page\/n9\/mode\/2up\"><em>Cancionero General<\/em><\/a> de Hernando del Castillo ni en otras previas fuentes impresas. Igual que Nucio, los pliegos sueltos recurrieron muchas veces, si no como norma general, a recitaciones orales dictadas. Ahora bien, en cuanto al <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>, se nos dice que las fuentes orales son pr\u00e1cticamente inexistentes. Habr\u00eda s\u00f3lo unos cinco romances \u2014cinco\u2014, tomados de recitaciones orales, y una decena con fuente manuscrita. Confieso que no entiendo muy bien esa distinci\u00f3n. Claro es que Nucio o su colaborador espa\u00f1ol al usar fuentes orales, anotar\u00edan al dictado la versi\u00f3n recitada o cantada de viva voz, igual que han seguido haciendo los colectores de romances hasta hoy mismo, es decir los romances pasar\u00edan por una transcripci\u00f3n, por el manuscrito, antes de imprimirse. Pero independientemente de que las versiones de fuente oral directa sean m\u00e1s o menos numerosas en el <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/cancioneroderoma00madr\/page\/n3\/mode\/2up\"><em>Cancionero de Amberes<\/em><\/a>, lo significativo es que Nucio dice con n\u00edtida claridad que los romances exist\u00edan en la memoria de quienes los cantaban, y que consideraba esa fuente tan v\u00e1lida y tan falible como la de los \u201cexemplares\u201d impresos. La letra corrupta y la flaqueza de memoria son las dos caras de la misma imperfecci\u00f3n que advierte y lamenta en los textos que daba a luz.<\/p>\n<p><em>Scripta manent<\/em>, muy cierto; pero tambi\u00e9n lo es que <em>Verba manent<\/em>, y no s\u00f3lo <em>Verba volant<\/em>. Sin apoyo escrito se han transmitido durante siglos los poemas hom\u00e9ricos, y durante alg\u00fan milenio los <em>gathas<\/em> o himnos de Zoroastro, y ello con una voluntad de exactitud y fidelidad a las <em>Verba<\/em> recibidas que poco tiene que envidiar a la de un escrupuloso editor de textos escritos. Pero no es menos cierto que, tanto <em>Scripta<\/em> como <em>Verba<\/em>, ambas <em>manent et mutant<\/em>. Una versi\u00f3n de un romance recogida en el siglo XXI puede tener algunos o varios versos id\u00e9nticos a los que figuraban en la versi\u00f3n de ese mismo romance que fue impresa en un pliego suelto del siglo XVI; pero tendr\u00e1 muchos m\u00e1s versos que son distintos o nuevos. Al estudioso del romancero le interesan tanto unos como otros; o, si acaso, le interesan m\u00e1s los versos diferentes, los nuevos, o los suprimidos, puestos que en ellos se refleja con mayor contundencia la vitalidad del g\u00e9nero y la creatividad de las cadenas de transmisores.<\/p>\n<p>Pienso que tal vez algunos de los problemas, incomprensiones o desacuerdos que existen a menudo en los estudios sobre el romancero proceden en \u00faltima instancia de la polisemia que existe en el t\u00e9rmino romance; romance design\u00f3, como sabemos, la lengua vulgar como distinta de la lengua sabia, el lat\u00edn; y romance es tambi\u00e9n una narraci\u00f3n en verso o prosa de contenido fant\u00e1stico o idealista. Pero la bisemia m\u00e1s habitual y perturbadora es la que se produce entre romance entendido como un poema narrativo, de procedencia o estilo, digamos, popular o popularizante o popularizado (si se quiere evitar el t\u00e9rmino oral), por una parte, y por otra romance entendido como una forma m\u00e9trica, caracterizada por el verso octos\u00edlabo, y la asonancia monorrima.<\/p>\n<p>Es realmente excepcional en la balada europea que una forma m\u00e9trica concreta sea el veh\u00edculo dominante o mayoritario para todo el g\u00e9nero po\u00e9tico. En cualquier corpus de tradici\u00f3n balad\u00edstica, escandinava, angloescocesa, francesa, etc., puede f\u00e1cilmente advertirse que las baladas narrativas adoptan una pluralidad de formas m\u00e9tricas. En el caso hisp\u00e1nico, en cambio, existe una casi absoluta dictadura de una forma m\u00e9trica, la del verso de romance (8+8), y la rima seguida, para manifestar el g\u00e9nero de la canci\u00f3n narrativa de estilo popular. Existen excepciones, claro: hay romances en verso hexas\u00edlabo o heptas\u00edlabo; y hay amplios vestigios de composiciones narrativas paralel\u00edsticas. Tambi\u00e9n el monorrimo puede transgredirse con poliasonancias varias, introducci\u00f3n de estribillos, versos de invocaci\u00f3n, etc. Pero tenemos interiorizado de forma casi autom\u00e1tica que un romance est\u00e1 en forma m\u00e9trica de romance, y que si una composici\u00f3n est\u00e1 en verso de romance es un romance. Y si no est\u00e1 en verso de romance naturalmente no es un romance. Se produce as\u00ed el hecho de que, por ejemplo, una balada narrativa popular muy difundida en Portugal continental, A\u00e7ores, Madeira, y Galicia, <a href=\"https:\/\/romancero.es\/romances\/?f1=0453&amp;f2=&amp;f3=&amp;f4=&amp;f5=&amp;f6=&amp;f7=&amp;f8=&amp;f9=&amp;f10=&amp;wpcfs=preset-1\"><em>La pastora probada por su hermano<\/em><\/a> (IGR: 0453), de forma estr\u00f3fica, no suele ser considerada como romance, cuando es sin duda una balada de pleno derecho con abundantes paralelos en la tradici\u00f3n europea de varias lenguas. Pero lo mismo sucede ya en \u00e9poca antigua con las <em>Coplas de los Comendadores<\/em>, o las <a href=\"https:\/\/romancero.es\/articulos\/Coplas de la morisca garrida.pdf\"><em>Coplas de la morica garrida<\/em><\/a>, que son tambi\u00e9n baladas plenamente narrativas pero nunca se incluyen en las ediciones can\u00f3nicas y estudios sobre el romancero ib\u00e9rico por la simple raz\u00f3n de no estar en verso de romance.<\/p>\n<p>Inversamente, s\u00ed tendemos a considerar como romances, pertenecientes al g\u00e9nero romance, los romances trovadorescos, en donde no existe narraci\u00f3n, o la narraci\u00f3n es pura alegor\u00eda, y que son composiciones de autor conocido y no tienen nada o tienen muy poco de popular o popularizante. Pero, eso s\u00ed, est\u00e1n de metro de romance. \u00bfY qu\u00e9 decir del romancero erudito o cron\u00edstico, a lo Sep\u00falveda, o del romancero nuevo de Lope de Vega y sus coet\u00e1neos, o del romancero de ciegos? Estos g\u00e9neros o subg\u00e9neros po\u00e9ticos s\u00ed son nar- rativos, a veces sobreabundantemente narrativos, pero ni a Svend Grundtvig, ni a Francis Child, ni a John Meier, ni al mismo Georges Doncieux, se les habr\u00eda ocurrido nunca incluir poemas de ese tipo en una compilaci\u00f3n de baladas danesas, angloescocesas, alemanas o francesas. En el romancero hisp\u00e1nico, en cambio, la identidad formal m\u00e9trica, y el ver coexistir todos estos g\u00e9neros en los pliegos sueltos y cancioneros del siglo XVI, nos llevaa hacer la inferencia de que todo son igualmente romances y a desdibujar lo espec\u00edfico del romancero que con mayor o menos exactitud denominamos romancero viejo, tradicional, oral o popular. El romancero trovadoresco, erudito-cron\u00edstico, nuevo o de ciegos son g\u00e9neros de indudable inter\u00e9s y merecedores de estudio, pero no son romances o baladas en un sentido m\u00ednimamente estricto, a pesar de la analog\u00eda o identidad de su forma m\u00e9trica.<\/p>\n<p>Ni B\u00e9nichou en su <a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Creacion%20poetica%20en%20el%20romancero%20tradicion%20-%20Benichou,%20Paul.pdf\"><em>Creaci\u00f3n po\u00e9tica en el romancero tradicional<\/em><\/a> ni Men\u00e9ndez Pidal en sus fragmentos sobre los periodos a\u00e9dico y raps\u00f3dicos (<a href=\"https:\/\/romancero.es\/libros\/Romancero%20Hispa%CC%81nico%20-%20Vol%20I%20-%20Ramo%CC%81n%20Mene%CC%81ndez%20Pidal.pdf\"><em>Romancero hisp\u00e1nico. Teor\u00eda e historia<\/em><\/a>) pretend\u00edan dar una visi\u00f3n excluyente y monol\u00edtica de la transmisi\u00f3n romanc\u00edstica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":4,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-132","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/132","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":35,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/132\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":202,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/132\/revisions\/202"}],"part":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/132\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=132"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=132"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=132"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"http:\/\/romancero.es\/historiaromancero\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=132"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}